Sepa reconocer alertas y construir espacios de trabajo más saludables
- Del estrés al equilibrio.
- En el marco del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, la depresión y la ansiedad provocan la pérdida de 12 mil millones de días de trabajo al año en el mundo, según la OMS.
En la actualidad, el trabajo ya no termina al salir de la oficina. Los correos fuera de horario, los mensajes constantes y la presión por responder “todo y ya” han hecho que muchas personas vivan en un estado de alerta permanente. El resultado: equipos más cansados, menos comprometidos y cada vez más cerca del agotamiento emocional.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la depresión y la ansiedad generan la pérdida de aproximadamente 12 mil millones de días laborales al año a nivel global, lo que representa cerca de un billón de dólares en costos de productividad. Una cifra que evidencia que la salud mental no es un tema individual, sino organizacional.
Para el psicólogo Rafael Aramburú de la Clínica Anglo Americana, el error más común es pensar que el problema está solo en la persona. “Se le pide al trabajador que gestione su estrés, pero no se revisa qué lo está generando. Si no se hacen cambios reales en la forma de trabajar, cualquier esfuerzo queda corto”, explica.
Riesgos que ya no son invisibles.
Hoy, los principales factores de riesgo no son solo la carga laboral, sino también la mala comunicación, la falta de reconocimiento y la dificultad para desconectarse. Este último punto se ha intensificado en los últimos años debido a la hiperconectividad.
Las señales de alerta no siempre son evidentes. El desgaste emocional suele empezar de forma silenciosa: cansancio constante, irritabilidad, dificultad para concentrarse, insomnio o una sensación de desconexión con el trabajo. “No siempre hay una ‘explosión’. A veces, simplemente vemos a alguien que está llegando a su límite (…) Más roces, menos energía y menor productividad son signos claros de que algo no está funcionando”, advierte el especialista.
Más allá de las charlas: cambios reales.
Aunque muchas empresas han comenzado a hablar de bienestar, el reto está en pasar del discurso a la acción. Las iniciativas aisladas, como charlas o actividades recreativas, no son suficientes si no se acompañan de cambios estructurales.
Es por ello, que se recomiendan algunas medidas más efectivas para el bienestar de los trabajadores:
- Establecer cargas laborales razonables.
- Promover pausas reales durante la jornada.
- Fomentar liderazgos empáticos y accesibles.
- Prevenir el acoso laboral.
- Crear entornos donde pedir ayuda no sea mal visto.
¿Qué puede hacer cada trabajador?
A nivel individual, también hay acciones simples que marcan la diferencia:
- Poner límites claros en la jornada.
- Priorizar tareas y no responder todo como urgente.
- Hacer pausas breves.
- Cuidar hábitos básicos como el sueño y la alimentación.
- Pedir apoyo a tiempo.
En el marco del Día Mundial de la Seguridad y Salud en el Trabajo, el llamado es claro: no existe trabajo saludable si la salud mental queda fuera. “Cuidar el bienestar integral no debería ser un lujo ni una moda. Debería ser parte de cómo trabajamos, lideramos y construimos equipos. Lo realmente llamativo debería ser que una empresa no lo haga”, concluye el psicólogo.